La Orden de Predicadores, conocida también como Orden Dominicana y sus miembros como Dominicos, es una orden mendicante de la Iglesia Católica fundada por Domingo de Guzmán en Toulouse, confirmada por el Papa Honorio III el 22 de diciembre de 1216 y consagrada a la predicación de la Palabra de Dios.
 
La vocación dominicana es vivida desde una variedad de estados: frailes, mojas contemplativas, hermanas apostólicas y diversos grupos de laicos. Hoy los dominicos, después de 800 años de fundación, predican en iglesias, universidades, colegios y medios de comunicación. Dedican tiempo a los trabajos de justicia y paz; dan retiros, visitan enfermos, confortan a los necesitados y escuchan a los tristes. Confiesan, perdonan y sobre todo desean ir, tan lejos como sea necesario, para predicar la Palabra de Dios a aquellos que todavía no la conocen.

Beato Jordán de Sajonia

Nació a finales del siglo XII en Alemania. Estudió Teología en París y enseñó más tarde en la misma ciudad. En verano de 1219 tuvo su primer encuentro con Santo Domingo de Guzmán, el padre de los predicadores, quien le contó el suceso de Fray Reginaldo de Orleáns y lo conquistó con la idea de la pobreza y apostolado de la naciente Orden Dominicana.

 Desde muy pronto participó en grandes eventos de la Orden, ya para el año 1200 fue delegado de su provincia al capítulo general y fue elegido provincial de Lombardía. Al año siguiente es elegido maestro de la Orden, pues, en palabras de sus biógrafos: “Ninguno como él comparte con el padre Domingo la gloria de la difusión y consolidación de la Orden”.

Fue muy activo y eficaz y se le atribuye la fundación de 204 conventos y la captación de miles de vocaciones. Promovió la canonización de Santo Domingo y estuvo presente en la apertura de su tumba.

Cuando fue a visitar la provincia de Tierra Santa encontró la muerte en un naufragio cuando volvía del viaje el 13 de febrero de 1237. Su cuerpo, recuperado del mar, fue enterrado en San Juan de Acri.

Al Beato Jordán se le debe el canto de la salve al final de la oración de completas y el gran amor por la Virgen María. En él se sintetiza el ideal dominicano “Vivir modestamente, estudiar y enseñar”.

Oh Dios que hiciste insigne al bienaventurado Jordán
Por el amor a las almas
y por la eficacia en extender nuestra Orden;
Concédenos, por sus méritos y ejemplo,
Anunciar con fidelidad el camino de la salvación
Y contribuir continuamente a la expansión del Reino de Cristo
Con ardor como el suyo

Santo Domingo Guzmán

Nació en 1973 en una pequeña localidad de Burgos (España). Varios miembros de su familia son santos. Su padre, don Félix de Guzmán, es reconocido en la Iglesia como Venerable, al igual que su hermano Antonio. Su madre, Juana de Aza, es venerada como Beata.

En la vida de Santo Domingo estuvieron presentes varios momentos que de alguna manera proyectaban la importancia que iba a tener en la historia de la Iglesia.  Por ejemplo, se cuenta que antes de su nacimiento, su madre, Juana de Aza, soñó soñó que llevaba en su seno un cachorro que portaba en la boca una antorcha encendida y saliendo de su vientre parecía prender fuego a toda la tierra.  

Para muchos, la interpretación de este sueño está en la proyección de Domingo de Guzmán como predicador y la llama representa la fuerza de esta.  Se dice también que luego de su nacimiento, su madrina también tuvo un sueño revelador en la que le pareció que el niño tenía una estrella con un fuerte resplandor y que iluminaba con su luz toda la tierra. 

Otro episodio con el que es recordado Santo Domingo de Guzmán es que mientras estudiaba Teología en Palencia, en España se vivió una hambruna y Domingo, al ver esa situación y siguiendo las palabras del evangelio que tanto apropiaba y de la que predicaba a los demás, decidió vender sus libros y todo lo que poseía en aquel momento para  entregarle el dinero a los pobres, diciendo que “no quiero estudiar sobre pieles muertas y que lo pobres mueran de hambre”.

Una característica de Domingo de Guzmán fue su permanente entrega a la oración por los otros, una oración intensa en la que pedía a Dios tener una caridad verdadera, que le permitiera velar por la salvación de la humanidad.

Hacia 1215 empieza su proyecto de fundación de la Orden de Predicadores, ideas que fueron compartidas con Fulco, obispo de Toulouse, y el conde Simón de Montfort, quienes le apoyaron desde el primer momento. Recibió también el apoyo de algunos ciudadanos que le ofrecieron casas para allí empezar a habitar en comunidad con sus compañeros. El papa Honorio III, aprobó la Orden de los Frailes Predicadores el 22 de diciembre de 1216, con sus dos aspectos esenciales: el estado canónico y la predicación.  Rápidamente la Orden empezó a crecer y a consolidarse, principalmente en Italia, Francia. Santo Domingo de Guzmán murió el 6 de agosto de 1221 en Bolonia, en compañía de sus frailes, recordándoles la importancia de la caridad, la humildad y la pobreza voluntaria.